lunes, 16 de agosto de 2010

En Chilapa la tradicional Tigrada para lograr abundantes cosechasLuis Daniel Nava/Chilapa
Esta ciudad se convirtió en un centro ceremonial de las diferentes representaciones de tigres y de danzas de la región, con la realización de la tradicional Tigrada, que es parte de un ritual prehispánico “para purificar el ambiente”.
Por la tarde de ayer las cadenas de los tigres (así llamados, pero que en realidad son representaciones de jaguar, animal propio de Guerrero), que son hombres con vestimenta de color amarillo con manchas negras, que asemejan la piel felina y que se colocan máscaras con colmillos de marrano y jabalí, se dejaron oír en las calles de la ciudad, reviviendo una de las más grandes tradiciones del municipio.
La información que difunde la dirección de cultura municipal, cuenta que al sacrificar al jaguar, que era el dios de la agricultura Tepecyoloytli, se obtenían sus atributos por lo que sacerdotes y guerreros portaban su piel para obtener también sus fortalezas.
El comunicado señala que las peleas de principios de mayo en las comunidades indígenas del municipio, son “alimento” para los dioses, para obtener cosechas y que la representación del tigre en la cabecera, en agosto, tiene el objeto de purificar el ambiente, preparándolo para la inminente llegada de otras dioses dadores de “protección”.
Ayer se reeditó la Tigrada, que comenzó el primero de agosto, por lo que decenas de niños, jóvenes, adultos y hasta mujeres se vistieron de tigre para salir a las calles a rugir y sonar las cadenas, además de espantar a los pequeños que salen a torearlos para que les peguen unas corretizas.
A la Tigrada, convocada por el ayuntamiento, también asistieron diversas representaciones del jaguar, como los de la comunidad de Acatlán, la cabecera de Zitlala y el municipio de Tixtla, Atenango del Río y Apango, que representaron sus peleas ancestrales ante los numerosos espectadores y fotógrafos; también hubo danzas, bandas de música de viento y mujeres vestidas de acateca y de San Jerónimo, todo entremezclado con el olor del mezcal.
Esta tradición coincide con la fiesta patronal de la Virgen de la Asunción, colocada en el centro de la catedral, por lo que el pueblo católico acude a visitarla a dar una limosna, flores, manzanas y fruta de temporada que desde tiempos antiguos los indígenas le ofrecen.

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