miércoles, 11 de agosto de 2010


Inventan en EU micronariz electrónica que analizará con precisión escenas de crímenes
Una hojuela de silicio mucho más delgada que un cabello puede revelar el aroma de un homicida, el grado de descomposición de un cadáver o la presencia de venenos u otras sustancias químicas peligrosas en una escena del crimen.
La Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos anunció que científicos de la Universidad de Purdue, Indiana, lograron crear un chip capaz de auto-calibrarse químicamente, es decir, que puede detectar cambios importantes en la química del medio ambiente y ajustarse con la mayor exactitud posible a éstos. Y esta propiedad le permite funcionar como una nariz electrónica que podría ser colocado en las máquinas más pequeñas del planeta, llamadas Sistemas Micro-Electro-Mecánicos o MEMS.
Esta innovación une el mundo de la química, el de la física y el de la ingeniería pues es un mecanismo de reacciones químicas rápidas, construido en escalas de nanómetros, es decir, un milímetro dividido un millón de veces. El mecanismo identifica rápidamente el estado de los químicos presentes en el ambiente y los envía, con una especie de firma electrónica, a una computadora mayor, para informar de los aromas fuera de lo común presentes en el lugar donde estuvo un criminal o hay una víctima.
El estudio fue realizado con dinero de la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos y fue anunciado este martes.
Para entender cuál es la importancia de esta nueva tecnología hay que decir que existe un conjunto muy amplio de reacciones químicas y físicas que son muy difíciles de medir con las cintas métricas, báscula, termómetros y reactivos que usamos todos los días en el mundo macroscópico. Cuando un investigador quiere conocer qué tanto ha influido sobre un espacio un agente microscópico, por ejemplo las moléculas aromáticas que desprenden las personas, hacen falta nuevos instrumentos que pertenecen al mundo de la micrometría. En ese mundo hay que ubicar al nuevo nano-chip.
“Hay muchos fenómenos microscópicos y nanoscópicos que no podíamos medir hasta ahora, pero este nuevo instrumento detecta los cambios, los registra y luego se vuelve a calibrar para darnos información exacta”, explicó Jason Vaughn Clark, profesor en ingeniería eléctrica y computación de la Universidad de Purdue.
Uno de los ejemplos en los que esta innovación podría ayudar a las investigaciones forenses es en medir la manera como un ambiente con hidrógeno en exceso destruye las moléculas de ADN de los criminales o sus víctimas, pero también podría medir muchos otros cambios en escenas del crimen que hayan sido alteradas por sustancias gaseosas.
MEMS.Un dato muy importante es que los Sistemas Micro-Electro-Mecánicos o MEMS no sólo pueden registrar estímulos químicos, también pueden registrar muy pequeñas alteraciones físicas o eléctricas en el ambiente, por ello podrían capturar mucha información que a primera vista podría pasar desapercibida por un investigador.
Los MEMS no son tecnología que pertenece a un mundo de ficción. Ya están presente en muchas áreas de la vida cotidiana, por ejemplo en los videojuegos Wii, en los iPhone, en los mecanismos que hacen funcionar las bolsas de aire en los automóviles y en muchas plantas industriales de alimentos y medicinas, para registrar cambios en la química de sus productos que pongan en peligro los procesos de producción.
En México se ha trabajado en el área de detección de aromas por medios químicos o físicos. Uno de los ejemplos es el trabajo realizado por Mercedes Guadalupe López Pérez, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) Irapuato, para obtener la “huella digital” del tequila a partir de la composición de un conjunto de isótopos de oxígeno, carbono e hidrógeno presentes en esa bebida mexicana.
Por otra parte, en México también se diseñan y construyen MEMS y uno de los laboratorios más importantes está en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), en Tonantzintla, Puebla.

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