Coyunturas políticas
Rafael Solano
Aguirre y la falta de memoria
Mientras no se defina si el senador priista Ángel Aguirre Rivero se queda o se escinde del partido tricolor (que lo hecho diputado federal, senador, funcionario, dirigente y gobernador sustituto), las versiones distorsionadas seguirán circulando de boca en boca y de portada de diario en portada de diario; algunas descabelladas e ilógicas como la de que los partidos que planten una coalición antipriista lo postularán, aunque siempre con alguna “fuente confiable” de información.
Ayer, el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Héctor Vicario Castrejón, expresaría sobre los rumores de la escisión que “el PRI va más allá de los hombres y de las individualidades”, así como que “somos miles de militantes en Guerrero y en el país somos millones, por lo tanto la fuerza del partido no se sustenta en un solo liderazgo”. Sabias palabras de uno de los aspirantes a la candidatura y que al perder, de inmediato se sumó al ganador.
Lo que parece evidente es que Aguirre Rivero no se puede quejar de que algunos personajes influyentes de la política guerrerense y nacional hayan determinado que sea el alcalde de Acapulco con licencia, Manuel Añorve Baños, el candidato, ya que hace algunos años (ahí está la hemeroteca para refrescar la memoria) el ahora senador fue igualmente beneficiado desde las altas esferas y le fue conferido el cargo de gobernador sustituto sin ser funcionario del gabinete de Rubén Figueroa Alcocer, ni senador ni diputado federal sino dirigente partidista; es decir, no ocupaba un puesto de elección ni administrativo, aunque aparentemente, eso no es (o era) impedimento legal.
En ese marzo de 1996 nadie dijo algo en contra de Aguirre Rivero, ni priistas ni opositores; y cuando insertó en la contienda interna de 1998 por la candidatura a la gubernatura a quien ocupaba la alcaldía de manera interina, es decir Añorve Baños, tampoco los demás contendientes protestaron. La historia es conocida; René Juárez Cisneros ganó la nominación y en febrero de 1999 la gubernatura.
Las circunstancias han cambiado, pero ahora el ex gobernador sustituto se niega a jugar el juego que siempre se ha jugado en el partido tricolor; en donde por lo general, no gana el mejor sino el que tenga mejores entrenadores y, obvio, buena relación con el árbitro (en este caso, la dirigencia nacional).
Rafael Solano
Aguirre y la falta de memoria
Mientras no se defina si el senador priista Ángel Aguirre Rivero se queda o se escinde del partido tricolor (que lo hecho diputado federal, senador, funcionario, dirigente y gobernador sustituto), las versiones distorsionadas seguirán circulando de boca en boca y de portada de diario en portada de diario; algunas descabelladas e ilógicas como la de que los partidos que planten una coalición antipriista lo postularán, aunque siempre con alguna “fuente confiable” de información.
Ayer, el presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso local, Héctor Vicario Castrejón, expresaría sobre los rumores de la escisión que “el PRI va más allá de los hombres y de las individualidades”, así como que “somos miles de militantes en Guerrero y en el país somos millones, por lo tanto la fuerza del partido no se sustenta en un solo liderazgo”. Sabias palabras de uno de los aspirantes a la candidatura y que al perder, de inmediato se sumó al ganador.
Lo que parece evidente es que Aguirre Rivero no se puede quejar de que algunos personajes influyentes de la política guerrerense y nacional hayan determinado que sea el alcalde de Acapulco con licencia, Manuel Añorve Baños, el candidato, ya que hace algunos años (ahí está la hemeroteca para refrescar la memoria) el ahora senador fue igualmente beneficiado desde las altas esferas y le fue conferido el cargo de gobernador sustituto sin ser funcionario del gabinete de Rubén Figueroa Alcocer, ni senador ni diputado federal sino dirigente partidista; es decir, no ocupaba un puesto de elección ni administrativo, aunque aparentemente, eso no es (o era) impedimento legal.
En ese marzo de 1996 nadie dijo algo en contra de Aguirre Rivero, ni priistas ni opositores; y cuando insertó en la contienda interna de 1998 por la candidatura a la gubernatura a quien ocupaba la alcaldía de manera interina, es decir Añorve Baños, tampoco los demás contendientes protestaron. La historia es conocida; René Juárez Cisneros ganó la nominación y en febrero de 1999 la gubernatura.
Las circunstancias han cambiado, pero ahora el ex gobernador sustituto se niega a jugar el juego que siempre se ha jugado en el partido tricolor; en donde por lo general, no gana el mejor sino el que tenga mejores entrenadores y, obvio, buena relación con el árbitro (en este caso, la dirigencia nacional).
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