La UAP, pionera a nivel mundial en estudios sobre bostezo y su actividad cerebral
YADIRA LLAVEN
La Facultad de Fisiología de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) está montando un espacio para registrar, a través de encefalogramas, la actividad que produce el cerebro cada vez que una persona bosteza. Se trata del primer estudio que se realiza a nivel mundial en humanos y éste se efectuará, previa convocatoria, a gente con el mayor número de bostezos al día, dio a conocer a La Jornada de Oriente el doctor en neurociencias José Ramón Eguibar.
“Tanto el bostezo como la risa son dos reacciones biológicas que desencadenan el contagio; por tal motivo, daremos a la gente que quiera contribuir con el estudio algunos pasajes literarios que se pondrán a leer en un ambiente aburrido, cómodo y que les produzca sueño, y cuando bostecen les registraremos la actividad”, detalló el investigador, quien concedió una entrevista a este medio.
Recientemente, la agencia internacional de noticias Reuters dio a conocer la publicación del libro El misterio del bostezo en la fisiología y la enfermedad, compilado por el médico francés Olivier Walusinski, el cual reúne los hallazgos más recientes sobre el desconcertante e incontrolable comportamiento que vincula al bostezo con la estimulación sexual.
En la investigación se demuestra que existe una interrelación notable entre el número de bostezos y el número de erecciones que tiene el pene de una rata, recordando que los roedores tienen una vida sexual muy prolífica.
El estudio desmitifica que el bostezo sea sólo un mecanismo que nos remita al agotamiento, al aburrimiento, a la falta de oxígeno en el cerebro o cuando tenemos hambre, “pero tampoco –admitió– sabemos realmente para qué sirve”.
En el libro también participan como coautores cinco investigadores de la UAP, quienes viajaron el pasado 23 y 24 de junio a la ciudad de París, para participar en la primera Conferencia Internacional sobre el tema, a realizarse en el emblemático Anfiteatro Charcot en el Hospital de la Pitié–Salpêtrière.
Los poblanos que colaboran en el libro, y que representan 10 por ciento de los asistentes a la conferencia, son: Carmen Cortés, Carlos Uribe, Alejandro Moyaho, Jorge García Torres y, por supuesto, Eguibar.
Puebla, punta de lanza en neurofisiología
De la relación entre el bostezo y la actividad sexual dada a conocer por Walusinski, Eguibar expuso que esta asociación se da de manera indirecta. “Lo que se ha visto es que si alguien tiene más bostezos tiene más erecciones del pene, y eso nosotros lo descubrimos en 1985, en Puebla, en ratas machos y hembras”.
Aunque pareciera un descubrimiento reciente, la historia del estudio del bostezo comenzó hace 30 años, en Puebla, con la llegada de los doctores chilenos Björn Holmgren Nilson y Ruth Urbá Muñoz a la UAP, donde trabajaron los primeros estudios sobre el campo de la neurofisiología.
En ese entonces, uno de los colaboradores más cercanos a los chilenos fue precisamente el doctor Eguibar, destacado estudiante de medicina, quien ahora, como secretario general de la casa de estudios, recordó: “el primer trabajo publicado en el área de fisiología como Departamento de Investigaciones Biomédicas de la UAP fue El bostezo, en 1985, en una revista internacional. Desde entonces, varios poblanos seguimos indagando en el mismo tema”.
En aquel momento, cuando las condiciones eran muy precarias por la falta de equipo, el primer proyecto financiado en la UAP por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) lo obtuvo el doctor Holmgren. Y fue para hacer encefalografía y bostezo.
Debido a la investigación, la universidad poblana produjo una cepa de 600 ratas que bostezan hasta 100 veces por hora, que la convierten en la única institución en el mundo que cuenta con estas crías.
De Walusinski refirió “es un médico que ha hecho algunas observaciones clínicas sobre el bostezo”. No obstante, con el libro en la mano, que todavía no circula en nuestro país, José Ramón Eguibar comentó que el francés también ha hecho una labor importante, tenaz, de mucha dedicación, para una cosa que pareciera ser trivial para otros.
“Tuvo la idea de crear una página en internet, que actualiza cada 15 días, la virtud de agrupar a la gente que indaga sobre el tema y crear el primer libro acerca del bostezo”, comentó, pues a finales de los años 70, la literatura mundial no tenía más de 70 trabajos de bostezo.
Mientras, en la actualidad, los buscadores de internet registran aproximadamente mil artículos, que aún siguen siendo muy pocos si se compara con otras áreas del conocimiento.
En promedio, el humano bosteza unas 250 mil veces a lo largo de su vida, y los bebés en el útero lo hacen en la semana 12 de gestación, lo que sugiere que desempeña un importante papel neurofisiológico.
En la UAP, el proyecto de Eguibar y Carmen Cortés Sánchez, tras la cruza de las ratas que más bostezan, demostró que esta actividad puede ser superior a los 100 bostezos por hora, aunque las causas exactas siguen siendo un misterio.
Y en los humanos, argumentó, parece ser que un estrés fuerte es el mayor inductor del bostezo, como sucede en el caso de los paracaidistas, de la gente que trafica y está formado en la fila de aduanas, un conferencista a punto de subir al estrado o un donador de sangre que está a unos pasos de que le extraigan el fluido.
Convocan a dormilones a participar en el estudio
A casi tres décadas después de los estudios pioneros de Holmgren y Urbá, “podemos decir que contamos con las condiciones necesarias para ya no hacer estudios en ratas, sino en humanos”, aseguró el investigador poblano.
“Lo único que espera la UAP –expuso– es un recurso económico que proviene del Conacyt para acabar de montar el espacio y comenzar, en próximas semanas, con el registro de los sujetos que más bostezan”.
–¿Para qué nos sirve el estudio del bostezo?
–Desde el punto de vista fisiológico y de la enfermedad, ayudará a buscar la posible cura y devolver la movilidad a personas que lamentablemente tuvieron un accidente vasculocerebral (infarto en el cerebro) y quedaron con las manos y las piernas totalmente rígidas.
“Es decir, cuando una persona con el problema de la rigidez bosteza, como si se estuvieran levantando a las siete de la mañana, estira y mueve sus extremidades, incluso arquean la espalda. Por ello es tan importante estudiar la parte clínica del tema para abrir una veta de la posible recuperación de ciertas enfermedades”.
Finalmente, a manera de convocatoria, señaló: “si conocen alguna persona que le interese el tema, que bostece continuamente y se duerma rápido, está cordialmente invitado a buscarnos en la Facultad de Fisiología”.
YADIRA LLAVEN
La Facultad de Fisiología de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) está montando un espacio para registrar, a través de encefalogramas, la actividad que produce el cerebro cada vez que una persona bosteza. Se trata del primer estudio que se realiza a nivel mundial en humanos y éste se efectuará, previa convocatoria, a gente con el mayor número de bostezos al día, dio a conocer a La Jornada de Oriente el doctor en neurociencias José Ramón Eguibar.“Tanto el bostezo como la risa son dos reacciones biológicas que desencadenan el contagio; por tal motivo, daremos a la gente que quiera contribuir con el estudio algunos pasajes literarios que se pondrán a leer en un ambiente aburrido, cómodo y que les produzca sueño, y cuando bostecen les registraremos la actividad”, detalló el investigador, quien concedió una entrevista a este medio.
Recientemente, la agencia internacional de noticias Reuters dio a conocer la publicación del libro El misterio del bostezo en la fisiología y la enfermedad, compilado por el médico francés Olivier Walusinski, el cual reúne los hallazgos más recientes sobre el desconcertante e incontrolable comportamiento que vincula al bostezo con la estimulación sexual.
En la investigación se demuestra que existe una interrelación notable entre el número de bostezos y el número de erecciones que tiene el pene de una rata, recordando que los roedores tienen una vida sexual muy prolífica.
El estudio desmitifica que el bostezo sea sólo un mecanismo que nos remita al agotamiento, al aburrimiento, a la falta de oxígeno en el cerebro o cuando tenemos hambre, “pero tampoco –admitió– sabemos realmente para qué sirve”.
En el libro también participan como coautores cinco investigadores de la UAP, quienes viajaron el pasado 23 y 24 de junio a la ciudad de París, para participar en la primera Conferencia Internacional sobre el tema, a realizarse en el emblemático Anfiteatro Charcot en el Hospital de la Pitié–Salpêtrière.
Los poblanos que colaboran en el libro, y que representan 10 por ciento de los asistentes a la conferencia, son: Carmen Cortés, Carlos Uribe, Alejandro Moyaho, Jorge García Torres y, por supuesto, Eguibar.
Puebla, punta de lanza en neurofisiología
De la relación entre el bostezo y la actividad sexual dada a conocer por Walusinski, Eguibar expuso que esta asociación se da de manera indirecta. “Lo que se ha visto es que si alguien tiene más bostezos tiene más erecciones del pene, y eso nosotros lo descubrimos en 1985, en Puebla, en ratas machos y hembras”.
Aunque pareciera un descubrimiento reciente, la historia del estudio del bostezo comenzó hace 30 años, en Puebla, con la llegada de los doctores chilenos Björn Holmgren Nilson y Ruth Urbá Muñoz a la UAP, donde trabajaron los primeros estudios sobre el campo de la neurofisiología.
En ese entonces, uno de los colaboradores más cercanos a los chilenos fue precisamente el doctor Eguibar, destacado estudiante de medicina, quien ahora, como secretario general de la casa de estudios, recordó: “el primer trabajo publicado en el área de fisiología como Departamento de Investigaciones Biomédicas de la UAP fue El bostezo, en 1985, en una revista internacional. Desde entonces, varios poblanos seguimos indagando en el mismo tema”.
En aquel momento, cuando las condiciones eran muy precarias por la falta de equipo, el primer proyecto financiado en la UAP por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) lo obtuvo el doctor Holmgren. Y fue para hacer encefalografía y bostezo.
Debido a la investigación, la universidad poblana produjo una cepa de 600 ratas que bostezan hasta 100 veces por hora, que la convierten en la única institución en el mundo que cuenta con estas crías.
De Walusinski refirió “es un médico que ha hecho algunas observaciones clínicas sobre el bostezo”. No obstante, con el libro en la mano, que todavía no circula en nuestro país, José Ramón Eguibar comentó que el francés también ha hecho una labor importante, tenaz, de mucha dedicación, para una cosa que pareciera ser trivial para otros.
“Tuvo la idea de crear una página en internet, que actualiza cada 15 días, la virtud de agrupar a la gente que indaga sobre el tema y crear el primer libro acerca del bostezo”, comentó, pues a finales de los años 70, la literatura mundial no tenía más de 70 trabajos de bostezo.
Mientras, en la actualidad, los buscadores de internet registran aproximadamente mil artículos, que aún siguen siendo muy pocos si se compara con otras áreas del conocimiento.
En promedio, el humano bosteza unas 250 mil veces a lo largo de su vida, y los bebés en el útero lo hacen en la semana 12 de gestación, lo que sugiere que desempeña un importante papel neurofisiológico.
En la UAP, el proyecto de Eguibar y Carmen Cortés Sánchez, tras la cruza de las ratas que más bostezan, demostró que esta actividad puede ser superior a los 100 bostezos por hora, aunque las causas exactas siguen siendo un misterio.
Y en los humanos, argumentó, parece ser que un estrés fuerte es el mayor inductor del bostezo, como sucede en el caso de los paracaidistas, de la gente que trafica y está formado en la fila de aduanas, un conferencista a punto de subir al estrado o un donador de sangre que está a unos pasos de que le extraigan el fluido.
Convocan a dormilones a participar en el estudio
A casi tres décadas después de los estudios pioneros de Holmgren y Urbá, “podemos decir que contamos con las condiciones necesarias para ya no hacer estudios en ratas, sino en humanos”, aseguró el investigador poblano.
“Lo único que espera la UAP –expuso– es un recurso económico que proviene del Conacyt para acabar de montar el espacio y comenzar, en próximas semanas, con el registro de los sujetos que más bostezan”.
–¿Para qué nos sirve el estudio del bostezo?
–Desde el punto de vista fisiológico y de la enfermedad, ayudará a buscar la posible cura y devolver la movilidad a personas que lamentablemente tuvieron un accidente vasculocerebral (infarto en el cerebro) y quedaron con las manos y las piernas totalmente rígidas.
“Es decir, cuando una persona con el problema de la rigidez bosteza, como si se estuvieran levantando a las siete de la mañana, estira y mueve sus extremidades, incluso arquean la espalda. Por ello es tan importante estudiar la parte clínica del tema para abrir una veta de la posible recuperación de ciertas enfermedades”.
Finalmente, a manera de convocatoria, señaló: “si conocen alguna persona que le interese el tema, que bostece continuamente y se duerma rápido, está cordialmente invitado a buscarnos en la Facultad de Fisiología”.
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